El Gobierno de EE.UU. decidió prorrogar por un año más las sanciones impuestas a Venezuela, al considerar que las condiciones imperantes en ese país siguen "representando una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior" de Washington, según reza un aviso aparecido este jueves en el Registro Federal.
La medida da continuidad a la Orden Ejecutiva 13.692, suscrita el 8 de marzo de 2015 por el entonces presidente estadounidense Barack Obama, quien declaró una emergencia nacional sobre la base de una supuesta crisis en la nación bolivariana y creó las condiciones para la imposición de severas restricciones económicas y financieras en los años siguientes.
Según la Casa Blanca, las conductas que fundamentaron la decisión incluyen la supuesta "erosión de las garantías de derechos humanos […], la persecución de opositores políticos, la restricción de las libertades de prensa, el uso de la violencia y las violaciones y abusos de los derechos humanos en respuesta a las protestas antigubernamentales, y el arresto y detención arbitraria de manifestantes antigubernamentales, así como la presencia exacerbante de una corrupción gubernamental significativa", señalamientos que han sido refutados sostenidamente por las autoridades venezolanas.
Juego a dos bandas
En la práctica, esto significa que se mantiene incólume el esquema general de medidas coercitivas unilaterales, salvo las excepciones contempladas en las licencias emitidas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU. (OFAC, por sus siglas en inglés).
Estas autorizaciones permiten operaciones restringidas asociadas con el negocio petrolero en Venezuela, sobre el que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha expresado abierto interés, aun desde antes de decidir bombardear Caracas y secuestrar al presidente Nicolás Maduro.
La semana previa, la OFAC emitió nuevas licencias que posibilitan el regreso de cinco gigantes petroleras al territorio venezolano y el secretario de Energía de EE.UU., Christopher Wright, visitó oficialmente el país. Entonces, el alto funcionario vaticinó que la producción de crudo en Venezuela experimentará un "crecimiento significativo" –que cifró entre el 30 y 40 %– este año, tras concretarse lo que denominó un cambio en "las reglas del juego" que la Casa Blanca impuso hasta ahora, en alusión al bloqueo económico estadounidense.
Por su lado, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró que el objetivo de ese encuentro de alto nivel con Wright fue "el establecimiento de una asociación productiva a largo tiempo, que permita [el desarrollo de] una agenda energética que se convierta en motor de la relación bilateral". Dijo asimismo que una de las metas que se ha planteado su gestión es reintroducir a la nación latinoamericana, poseedora de las reservas petroleras más vastas del planeta, en el grupo de grandes productores de ese hidrocarburo, para lo cual será preciso captar inversiones extranjeras.


