El plan de Alemania para crear una red de satélites militares por valor de 11.600 millones de dólares, independiente de un programa paralelo europeo, siembra preocupación entre algunos legisladores de la Unión Europea (UE), informó este martes Reuters.
Diputados de la UE declararon a la agencia británica que la iniciativa en solitario de Berlín corre el riesgo de socavar los intentos de reforzar las capacidades de defensa colectiva, cuyo pilar fundamental es el proyecto de constelación de Internet por satélite multiórbita Infraestructura para la Resiliencia, la Interconectividad y la Seguridad por Satélite (IRIS²), que tendría un coste de 12.300 millones de dólares.
"Si Alemania construye ahora una arquitectura puramente nacional que no esté integrada en IRIS², existe el riesgo de debilitar las estructuras europeas", declaró la presidenta de la comisión de seguridad y defensa del Parlamento Europeo, Marie-Agnes Strack-Zimmermann.
En este sentido, indicó que los sistemas paralelos podrían dar lugar a "estructuras duplicadas, estándares fragmentados y, en última instancia, un menor impacto estratégico a cambio de más dinero", citando las crecientes amenazas a la seguridad derivadas del conflicto en Ucrania.
Alemania prevé mantener 100 satélites en órbita terrestre baja destinados exclusivamente a comunicaciones militares, mientras que el proyecto de la UE, que aspira a desplegar 290 satélites para 2029, está diseñado para establecer un sistema de comunicaciones unificado basado en el espacio.
Tanto el sistema alemán como el de la UE tendrían una escala comparable a la de la red Starshield, de la compañía estadounidense SpaceX, aunque IRIS² —que también llevará tráfico comercial— sería mucho más pequeño que los aproximadamente 10.000 satélites de Starlink.
Un portavoz explicó que Berlín sigue de cerca el proyecto IRIS², que "tiene el potencial, cuando proceda, de complementar las iniciativas nacionales en el cumplimiento de las tareas soberanas". En este sentido, detalló que el proyecto alemán aborda específicamente las necesidades únicas de sus Fuerzas Armadas, con exigencias de capacidad y parámetros de rendimiento "completamente diferentes" a los del futuro sistema europeo.
Si bien los partidarios de IRIS² afirman que reducirá la dependencia de la UE de actores no europeos y garantizará la interoperabilidad entre los sistemas militares de los Estados miembros, los analistas señalan que su despliegue completo no se prevé hasta la década de 2030.


