En el mundo actual, incluso las grandes potencias disponen de recursos cada vez más limitados y deben asumir costos mayores para mantener su estabilidad interna. Por eso, la capacidad de administrar con prudencia sus fuerzas será decisiva para conservar su posición internacional, opina Timoféi Bordachov, director del programa del Club de Debate Internacional Valdái, en un artículo del periódico Vzgliad.
El experto sugiere que actualmente estamos presenciando "el declive de la diplomacia militar en su sentido clásico: la disposición de los Estados a involucrarse en enfrentamientos en la periferia de la política mundial".
"La política mundial deja de ser una competición deportiva y se convierte en una carrera por la supervivencia, en la que no permanecerá en pie el más brillante, sino aquel que sepa distribuir de manera inteligente sus escasos recursos disponibles", sostiene.
El analista explica que este proceso se debe a que cualquier fracaso en esas confrontaciones se hace público de inmediato, es amplificado por los medios de comunicación adversarios y puede dañar seriamente la reputación del gobierno, tanto a nivel internacional como ante su propia población.
"La aventura iraní de EE.UU."
Bordachov pone como ejemplo a EE.UU., que "por su deseo de estar en todas partes, sigue gastando sus menguantes recursos económicos y políticos". "Pero, como muestra el ejemplo de su aventura iraní, ya no logra realmente demostrar así una influencia global", señala.
El experto indica que "las declaraciones y acciones ambiguas" del presidente Donald Trump, así como las medidas prácticas de su Administración, "permiten a todo el mundo ver con claridad los límites de las capacidades incluso de los Estados más poderosos cuando no se trata de cuestiones fundamentales de su seguridad nacional".
También recuerda que el Gobierno y la población iraníes "evidentemente lograron resistir la agresión no provocada" de EE.UU. y su aliado Israel. En cambio, para Washington, "la aventura iraní no terminó en nada bueno: se gastaron en vano sumas colosales de dinero y la confianza en EE.UU., incluso por parte de sus propios aliados, quedó casi completamente socavada".
Bordachov concluye que el ejemplo de la campaña militar estadounidense contra Irán da "una buena razón para pensar que incluso las potencias más poderosas deben actuar con gran cautela fuera de la zona de sus intereses vitales, especialmente ahora, cuando el estado de la economía mundial no promete a nadie una especial prosperidad".
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