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¿Armarse hasta los dientes?: la duda que recorre Europa ante su afán belicista

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Europa quiere armarse a toda velocidad, pero su industria militar no avanza al mismo ritmo.
¿Armarse hasta los dientes?: la duda que recorre Europa ante su afán belicista

Tras años de aumento del gasto militar, envíos a Ucrania y fuertes subidas de las acciones de las empresas de defensa, el rearme europeo entra en una fase más difícil: ahora la duda no es solo cuánto dinero se destina al sector, sino si la industria puede producir al ritmo que exige la política.

El impulso se ha acelerado por la presión a ambos lados del Atlántico: el conflicto ucraniano, los cambios en la postura de EE.UU. hacia la OTAN y el discurso europeo sobre una supuesta amenaza rusa. Los miembros de la alianza acordaron un fuerte aumento del gasto militar ante la creciente preocupación de que Europa ya no pueda vivir bajo la protección de Washington.

Mientras, Rusia ha rechazado reiteradamente esas acusaciones: el presidente Vladímir Putin afirmó en repetidas ocasiones que Moscú no tiene planes agresivos contra Europa.

De las promesas a la producción

Los inversores dudan de que las valoraciones del sector de defensa reflejen su capacidad real para cumplir los pedidos y aumentar la producción. La cuestión es si la industria puede ejecutar esos planes.

La prueba cobrará más peso la próxima semana, cuando los líderes de la OTAN se reúnan en Ankara, Turquía, para revisar los avances desde la última cumbre y definir cómo transformar los compromisos aliados en resultados concretos. 

Pero el paso de presupuestos más altos a armas entregadas sigue siendo irregular. Retrasos en las compras, programas nacionales fragmentados, falta de mano de obra y cadenas de suministro tensionadas generan dudas sobre la velocidad con la que Europa puede reconstruir una base industrial debilitada tras décadas de un menor gasto militar.

El sector no depende solo de los grandes contratistas. La industria europea de defensa está sostenida por capas de proveedores, muchos de los cuales son pequeñas empresas familiares, que también deben aumentar su producción. Como señala Hugues Lavandier, de la consultora McKinsey, si faltan una o dos piezas, los nuevos aviones no pueden entregarse.

El gran negocio de la defensa

El giro ya benefició a empresas como Rheinmetall, BAE Systems, Leonardo, Thales y Saab, cuyas carteras de pedidos han crecido con fuerza desde 2022.

McKinsey & Company, una de las mayores consultoras estratégicas del mundo, calcula que el gasto básico en defensa de los países europeos de la OTAN se ha duplicado desde 2019 y podría alcanzar unos 800.000 millones de euros (912.000 millones de dólares) para 2030. 

Sin embargo, más dinero no significa resultados inmediatos. La consultora advierte que los inventarios de equipos bélicos en Europa siguen por debajo de los niveles de 2021, mientras que los largos plazos de entrega, la fragmentación de plataformas y la capacidad de ejecución industrial pueden frenar el paso del gasto a las capacidades militares reales.

Retrasos y dudas en los mercados

El caso de Alemania mostró que el rearme europeo no depende solo del dinero disponible: Berlín canceló el programa multimillonario de fragatas F126 tras retrasos en su ejecución y previsiones de aumento de costes.

La decisión golpeó a Rheinmetall, que esperaba convertirse en contratista principal del programa abandonado. Sus acciones cayeron con fuerza, mientras analistas de JP Morgan citados por CNBC destacan que la noticia recuerda que los gobiernos pueden cambiar de opinión.

Pese a ello, el presupuesto de defensa alemán sigue creciendo rápidamente. La cancelación del F126 refleja más bien una revisión de prioridades: costes de compra, plazos de entrega y estrategia militar. Aun así, supone un revés para las ambiciones de Berlín, que prometió crear el "ejército convencional más fuerte de Europa" para 2039.

Para los inversores, la caída de Rheinmetall fue también una advertencia de que el sector puede enfrentar retrasos y obstáculos, pese a las promesas de varios gobiernos europeos de aumentar el gasto militar.

  • En los últimos años, Occidente ha intensificado su narrativa acerca de una supuesta amenaza rusa. Vladímir Putin volvió a rechazar estas aseveraciones a principios de este mes, calificándolas de "tontería" y "provocación deliberada".
  • "¿Para qué? ¿Para qué nos serviría eso?", planteó el presidente ruso. "¿Qué tiene que ver Europa en todo esto? ¿Qué sentido tiene para nosotros atacar a Europa y entrar en guerra con la OTAN? Bueno, es evidente, digo que eso es una tontería. Pero me parece que no es solo una tontería, sino una provocación deliberada", afirmó el mandatario.

 

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