Las reservas estadounidenses de armas han quedado prácticamente agotadas por la guerra con Irán, y las empresas de defensa que intentan aumentar la producción aún tienen dificultades para solucionar este problema, informa The Wall Street Journal.
De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, EE.UU. ha utilizado durante sus ataques contra Irán aproximadamente un tercio de sus misiles Tomahawk previos a la guerra y cerca de la mitad de sus interceptores Patriot. Esto ha generado una situación en la que, si el país se viera involucrado en un nuevo conflicto en los próximos años, la mayoría de los misiles de nueva producción llegarían demasiado tarde para entrar en servicio.
Intentos de aumentar la producción
El fabricante de misiles Tomahawk, RTX, junto con otros gigantes de la defensa como Lockheed Martin, Boeing, L3Harris y Northrop Grumman, han comenzado a construir nuevas fábricas, modernizar las líneas de producción y contratar nuevo personal para aumentar y acelerar la producción. Y a pesar de invertir miles de millones en estos esfuerzos, aún no se ven resultados.
El medio señala que hasta hace poco el gobierno se mostraba reacio a invertir en el aumento y la modernización de las reservas de municiones, con contratos adjudicados a estas empresas de forma irregular y con financiación limitada. La burocracia también influyó. Así, en agosto, la Armada estadounidense hizo un pedido de 23.000 millones de dólares para la adquisición de nuevos misiles Tomahawk. Sin embargo, incluso esta solicitud se realizó tras más de un año de negociaciones y requiere la aprobación del Congreso para la firma del contrato definitivo.
Además, las empresas también se enfrentan a dificultades para contratar al personal necesario y problemas con el suministro de materias primas. Las interrupciones en el suministro han afectado en particular elementos de tierras raras, la microelectrónica y otros componentes críticos para la producción de misiles.