Un fantasma recorre Europa y no es el de los precios del combustible, ni el de la inflación, sino uno más antiguo y resistente, pero, sobre todo, conveniente. Está presente en cada discurso, en cada cumbre y en cada titular: la supuesta 'amenaza rusa'.
A pesar de que Moscú ha rechazado categóricamente esa narrativa en repetidas ocasiones, las especulaciones se volvieron a intensificar precisamente en el momento en que se debate el nuevo presupuesto de defensa, cuando los líderes europeos aparentemente buscan asustar a la población con el cuento de una inminente invasión rusa para que así pague por las necesidades del régimen ucraniano.
El bucle antirruso
Entre las más recientes declaraciones de esta índole destacan las del ministro de Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, quien ha llegado a recomendar a sus compatriotas preparar mochilas de evacuación en caso de una supuesta agresión rusa. Este año incluso las autoridades de Varsovia enviaron folletos con instrucciones de cómo actuar en situaciones de emergencia, incluyendo acciones militares.
Aún más, presentó a Moscú como un 'villano eterno': "Incluso si el conflicto [ucraniano] termina mañana, Rusia seguirá siendo una amenaza. No podemos permitirnos subestimar una vez más el peligro del militarismo de Moscú", declaró Sikorski esta semana durante un evento en la capital polaca.
No solo en público, sino también en privado varios altos cargos europeos insisten en que el 'fantasma ruso' perseguirá a Europa para siempre, obviamente, sin precisar que ese 'fantasma' fue inventado y alimentado por ellos mismos. Así, el ministro de Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, aseguró el año pasado en una conversación telefónica a los bromistas rusos Vovan y Lexus, en la que creía que hablaba con funcionarios ucranianos, que Rusia "siempre será un enemigo y una amenaza para la seguridad europea".
Como si alguien hubiera pulsado 'repetir' en el guion, el ministro de Defensa de Bélgica, Theo Francken, volvió a reiterar esta semana que Rusia es la mayor "amenaza" para la seguridad de su país y de Europa. Aquí cabe destacar que ese mismo ministro previamente incluso habló de avistamientos de drones rusos sobre el territorio de su país: en concreto, llegó a afirmar que los radares de su país no solamente habían detectado la presencia de los aparatos, sino que también habían sido vistos sobre cuarteles militares belgas.
El único problema: eso nunca sucedió y el ministro fue desmentido incluso por los medios de su propio país, quienes encontraron inclusive la razón detrás de los dichos de Francken. El canal VRT denunció que los drones nunca existieron y que el ministro había inventado las amenazas para obtener fondos presupuestarios. Como era de esperar, en lugar de esclarecer los hechos y ofrecer una disculpa, el político volvió a hablar ahora de la 'amenaza rusa'.
La prueba que no era prueba
En medio de tantas advertencias de las amenazas del omnipresente 'fantasma ruso', no es una gran sorpresa que la caída de drones en territorio de países de la OTAN causara gran emoción entre los dirigentes europeos: por fin, una prueba tangible de la agresión de Moscú. El único problema es que los drones resultaron ser ucranianos.
Los aparatos, irónicamente financiados por la Alianza, dejaron daños materiales en por lo menos tres países europeos: Rumanía, Letonia y Estonia. No obstante, la mayoría de los aliados optaron por eximir a Ucrania y culpar a Rusia de desviar los drones mediante sus sistemas de guerra electrónica.
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Ante la falta de pruebas que respaldaran tales acusaciones, el presidente ruso, Vladímir Putin, propuso llevar a cabo una investigación imparcial en Rusia para determinar con certeza qué país lanzó los aparatos. Como era de esperar, las pesquisas se desarrollaron únicamente en Europa.
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En otro episodio de histeria antirrusa, el canciller alemán, Friedrich Merz, alertó a sus compatriotas sobre la creciente amenaza de 'ataques híbridos' por parte de Rusia.
El cuento de esos ataques, de los que no hay prueba alguna, curiosamente coincide con la serie de humillantes pérdidas electorales del partido de Merz en Alemania, los antirrécords de su popularidad, que cayó al 15 %, y los crecientes rumores sobre su renuncia antes de fin de año.
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Pero no solo fue Merz el que alertó de los 'ataques híbridos' de Moscú, sino también el presidente de Francia, Emmanuel Macron. El líder galo incluso anunció un plan para proteger la infraestructura francesa de tales agresiones. Además, aseveró que "nadie está a salvo" de ellas y que los países de la UE deben vivir en un "estado de máxima alerta".
Pero mientras insta a mirar con doble cautela hacia Rusia, en Francia los únicos ataques que se registraron fueron los de estudiantes de secundaria contra las fuerzas de seguridad en medio de las violentas protestas por problemas relacionados con el sistema educativo. Estas se producen en paralelo a una huelga nacional del sector público contra un plan de recortes y medidas de ahorro del Gobierno, mientras la popularidad del jefe de Estado sigue en una caída libre y ya bajó hasta el 18 %.
Lo que no se le olvidó admitir, sin embargo, fue que Francia, al igual que otros países de la UE, se encuentra en una crisis energética después de que Europa renunciara en el 2022, por decisión propia, al gas barato ruso.
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"La competitividad europea dependía en gran medida... del gas ruso barato, lo que terminó provocando una crisis en todo el continente", indicó el miércoles en el marco del Foro de Comercio e Inversiones España-Francia.
Así las cosas, de esa retórica se desprende que el europeo de a pie pasará frío esta Navidad, pero estará bien protegido del amenazante 'fantasma ruso' del que tanto hablan los dirigentes de la Unión Europea y de cuya existencia no hay ni la más mínima prueba.
La regla de oro
Mark Rutte, secretario general de la OTAN, expuso esta semana la regla de oro del manual de líderes europeos para justificar la supuesta 'amenaza rusa' ante el más mínimo incidente:
"'Cuando puedan, cuando estén seguros de que se trata de los rusos, o casi seguros de que se trata de los rusos, atribúyanlo a los rusos'".
En este sentido, aplaudió a Estonia, que siguió esa regla y culpó a Moscú del incendio que se desató en agosto pasado en un edificio de Tallin utilizado por Milrem Robotics, que fabrica drones para Ucrania.
Ante estos señalamientos, el representante permanente de Rusia ante las organizaciones internacionales en Viena, Mijaíl Uliánov, puntualizó que "algunos países sobrestiman su lugar en la jerarquía de prioridades de Rusia".
Diálogo ignorado
Por su parte, Vladímir Putin tuvo que reiterar una vez más esta semana que Rusia no tiene intención de atacar a ningún país, aunque advirtió a los ciudadanos europeos que Moscú se verá obligada a responder en caso de agresión. En ese sentido, el mandatario califica la expansión de la OTAN y la disposición de Bruselas a la confrontación militar como las principales amenazas para su país.
Asimismo, señala que el discurso de una posible guerra con Rusia es usado por los dirigentes europeos para frenar la caída de su popularidad.
"Intentan simplemente salvar sus 'ratings' en descenso, encubriendo errores en la política económica y social", sostiene.
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"Mejor vivamos en armonía, de lo contrario, también nosotros tendremos que responder. Esto debería ser obvio para todos", manifestó.
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A pesar de que desde el Kremlin se ha reiterado en innumerables ocasiones la disposición de Rusia a dialogar con Europa, los líderes del Viejo Continente, en lugar de optar por un diálogo respetuoso, prefieren seguir echando leña a los temores del fantasma de 'la amenaza rusa' que ellos mismos inventaron.