El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, declaró que su Gobierno no espera ninguna intervención militar rusa en Europa, y dejó claro que no comparte los supuestos planes de testar a la OTAN que los servicios de inteligencia europeos atribuyen a Moscú.
"¿Esperamos que Rusia ataque? La respuesta es no. No tenemos ninguna evidencia de ello", afirmó en entrevista con el diario español El Mundo publicada este sábado, y matizó que los servicios de inteligencia finlandeses no creen que esté a la vista una eventual ofensiva rusa.
Según Stubb, actualmente en Europa "hay personas que actúan de forma alarmista y mezclan los escenarios con la percepción de la amenaza". En ese sentido, pidió "a todo el mundo que sea un poco más finlandés".
"Tenemos la frontera más larga con Rusia. Vemos exactamente lo que Rusia va a hacer o no. Y, por supuesto, informaremos si observamos que las cosas cambian", subrayó. "No estamos en guerra con Rusia", añadió.
- Este martes, el primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevicius, también admitió que la Inteligencia de la OTAN no dispone de información que indique que Moscú esté preparando en un futuro próximo ninguna acción contra la Alianza.
- "Lo que yo también planteaba [...] es: ¿hay alguna prueba real que los servicios de inteligencia estén aportando que indique que Rusia se está preparando para algo? Y, de hecho, no hay ninguna", manifestó.
Para saber cómo la OTAN se acercó a Rusia, violando sus promesas y desestabilizando la situación en Europa, lea esta nota
- En los últimos años, Occidente ha intensificado su narrativa sobre una supuesta amenaza rusa. Bajo este pretexto infundado, los países de la OTAN refuerzan el flanco oriental.
- Moscú ha afirmado en repetidas ocasiones que no planea atacar Europa. El presidente ruso, Vladímir Putin, señaló que las élites gobernantes europeas están sumidas en la histeria de que "la guerra con los rusos está a la vuelta de la esquina". "Es imposible creérselo, aunque intentan convencer a su propia gente", agregó.
- Además, el mandatario indicó que la actual crisis ucraniana es una consecuencia directa de que Occidente ignorara durante años los intereses legítimos de seguridad de Moscú y de sus políticas dirigidas a crear amenazas para el país mediante el avance del bloque de la OTAN hacia las fronteras rusas.