Un grupo de efectivos del Ejército ruso bajo el mando del militar con el indicativo 'Koldún' ('Brujo', en español) protagonizó, en agosto pasado, una de las historias más insólitas de supervivencia en un área de combate con las tropas ucranianas en la provincia de Sumy.
Tras neutralizar a decenas de soldados ucranianos y tomar a 12 de ellos como prisioneros cerca de la aldea de Jrapovschina, los combatientes rusos quedaron atrapados en las trincheras enemigas. Era extremadamente complicado salir del refugio y retirarse hacia la retaguardia rusa con los capturados, porque el cielo se encontraba obstruido por drones ucranianos y el enemigo había retenido un puesto a unos metros, relató 'Koldún' a un reportero.
A sus hombres se les ocurrió una idea audaz cuando sonó la radio portátil de los prisioneros preguntando cómo iban las cosas y qué necesidades tenían. Respondieron pidiendo "agua, alimentos y baterías externas". Así lo repitieron una y otra vez a lo largo de cinco días y Kiev les hizo llegar lo solicitado con drones.
"Durante cinco días estuvimos escuchando las transmisiones ucranianas", recordó 'Koldún'. "Luego, el enemigo se dio cuenta de que había perdido las posiciones y comenzó a lanzar [municiones]". Precisó que atacaron a quienes estaban a la vista, que eran los suyos, es decir, los que habían conservado la posición. Uno protestó a los gritos por radio: "Lanzan contra mí. ¡Soy yo!", a lo que replicaban que no, que estaban atacando a los rusos. Finalmente, dejó de contestar, prosiguió. "Pues, lo mataron los suyos", resumió.
Después, el pelotón de 'Koldún' pudo retirarse junto con los prisioneros a través del campo despejado.