Las portavoces de la Comisión Europea, Paula Pinho y Anna-Kaisa Itkonen, declararon el 28 de octubre que la Unión Europea no tiene previsto reanudar las compras de gas ruso tras el fin del conflicto en Ucrania.
"Contamos con legislación vigente que nos impide reanudar las importaciones de combustibles fósiles, en particular de gas, procedentes de Rusia", dijo Paula Pinho en respuesta a la pregunta de un periodista sobre las perspectivas de reanudación de las operaciones del gasoducto Nord Stream.
La respuesta de la vocera, que dio tras habérsele formulado la misma pregunta en tres ocasiones, se produce mientras la Unión Europea se enfrenta a la mayor crisis energética de su historia reciente.
Colapso logístico
Esta semana, el precio de referencia en el mercado TTF perforó de forma definitiva la barrera psicológica de los 100 euros por megavatio-hora, registrando picos de cotización que la región no experimentaba desde 2022.
El catalizador de la intensificación de la crisis ha sido el colapso logístico a gran escala a nivel global. Tras la escalada en el conflicto de Oriente Medio y el bloqueo virtual de la navegación en el estrecho de Ormuz, la economía mundial ha perdido cerca del 20 % de los suministros de gas natural licuado (GNL) procedentes de Catar y Emiratos Árabes Unidos.
Al mismo tiempo, los suministros de gas de Catar, que ya se habían visto reducidos, se vieron aún más afectados por el anuncio de QatarEnergy de extender la fuerza mayor en sus entregas de GNL a Europa hasta finales de 2026.
Como resultado, los futuros europeos de referencia acumulan un avance superior al 150 % en lo que va de año, mientras que el valor comercial del diésel se ha duplicado, lo que no hace sino complicar los problemas para cubrir el déficit energético.
Reservas vacías
Mientras las autoridades en Bruselas intentan proyectar normalidad y reportan una supuesta preparación de cara al invierno, los niveles reales de reservas de gas en el bloque oscilan entre un exiguo 58 % y 67 % de su capacidad. Esta cifra sitúa las reservas globales de la Unión Europea casi 16 puntos porcentuales por debajo del promedio histórico de los últimos años.
El eslabón más débil de esta cadena vuelve a ser Alemania, el motor industrial y el mayor consumidor de gas de la región. Ante la negativa de Berlín a intervenir de manera directa y ordenar a sus gigantes estatales la compra de combustible a los precios actuales del mercado, las reservas alemanas se desplomaron hasta un mínimo histórico del 47 %.

Dado que Alemania controla más del 20 % de la capacidad total de almacenamiento de toda la Unión Europea, un desabastecimiento físico en sus terminales inevitablemente disparará las tarifas de sus vecinos. De este modo, la escasez en el mercado germano arrastrará consigo los precios de todo el bloque comunitario.
Sin embargo, incluso ante la inminencia de una catástrofe económica y reconociendo que el conflicto en Oriente Medio ya le ha costado al presupuesto europeo más de 106.000 millones de euros en sobrecostes netos, Bruselas insiste en que el cese de los suministros de gas ruso está previsto para finales de 2027, "independientemente de lo que suceda".
Obstinación a costa de la paz social
La masiva crisis energética en Europa no ha pasado desapercibida para la población de a pie. La duplicación del precio del diésel y las facturas récord de los servicios públicos han provocado una caída en el nivel de vida de los europeos, desencadenando protestas masivas y huelgas generales en varios países.
Grandes empresas por toda la región se ven obligadas a anunciar cierres industriales y recortes de personal, lo que ya ha puesto en riesgo más de un millón de puestos de trabajo. Mientras, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, advirtió que Europa está asestando "un golpe a su propia industria y a su ámbito social al renunciar a las fuentes de energía rusas".
"Preparen las maletas"
La consecuencia lógica de esta crisis económica, combinada con el estallido social, ha provocado cambios en las élites de la Unión Europea.
En particular, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, anunció este 29 de octubre su dimisión anticipada del cargo. La salida de la máxima responsable monetaria se produce en un momento en que la inflación en la eurozona casi ha duplicado su objetivo debido al aumento de los precios del crudo.
El paso dado por Lagarde, quien busca abandonar el puesto antes de las elecciones presidenciales de primavera en Francia, donde las posibilidades de victoria de Marine Le Pen son elevadas, demuestra el pánico entre las élites y su falta de confianza en que la situación se estabilice.
La crisis económica original se convirtió en el catalizador de protestas masivas y problemas en las altas esferas del poder, demostrando ante todo el mundo la situación de parálisis en la que se encuentra la Unión Europea.
"Elegir entre no comer o pasar frío"
Algunos representantes europeos ya reconocen abiertamente la gravedad de la situación energética. El comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, advirtió que muchos ciudadanos de la UE tienen dificultades para pagar la calefacción y alertó de que el próximo invierno será duro.
"En un invierno promedio, casi 50 millones de europeos tienen dificultades para pagar sus facturas de calefacción. Si alguien no puede hacerlo, se ve obligado a elegir entre no comer o pasar frío", lamentó.
"No sabemos cuánto frío hará, pero sabemos que necesitamos más combustible. Y la escasez en el mercado mundial conduce al aumento de los precios", concluyó.



