Se suele definir a la anglósfera como el conjunto de países anglófonos que comparten el derecho anglosajón (Common Law), donde predominan Reino Unido, EE.UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
La singularidad excepcionalista del Reino Unido le lleva a crear confusiones en sus definiciones geográficas muy 'sui generis'.
Así las cosas, el Reino Unido está conformado por Gran Bretaña más Irlanda del Norte.
A su vez, Gran Bretaña está constituida por Inglaterra, Escocia y Gales.
Los medios chinos suelen ser más simpáticos y denominan al núcleo de la anglósfera como los "5 ojos", que es su verdadero núcleo operativo a nivel del espionaje que practican sin recato a escala global.
Se pudiera aducir que el sistema financierista, que ha prevalecido en Occidente, constituye el verdadero núcleo de "los 5 ojos de la anglósfera", donde se retrotrae la nefaria globalización que tantos estragos provocó en el Sur Global.
Hoy la globalización hace agua y camina inexorablemente hacia su desglobalización, lo cual se epitomiza en la grave crisis de dramáticos incrementos de las tasas de interés cuando los bonos del Tesoro de EE.UU. han alcanzado el 6 % por primera vez desde hace más de un cuarto de siglo.
Hace 26 años también, en mi libro premonitorio 'El lado oscuro de la globalización: Posglobalización y balcanización' propuse que "lo que no se globaliza, se balcaniza".
Hoy justamente existe una correlación geopolítica/geofinanciera/geoeconómica entre la dislocación de los "5 ojos de la anglósfera", sumados los otros "tres ojos" adicionales de Alemania/Francia/Italia, que viven en forma caótica sus propias "dislocaciones" en varios niveles de sus capas socio-económicas/psico-políticas (por ejemplo, los BRICS superando al G7; rebelión de los estudiantes en Europa occidental, etc.).
A propósito, es pertinente citar el reciente libro del pensador galo Emmanuel Todd sobre la actual 'Dislocación', donde arguye que después de su consumada derrota, Occidente se encuentra ahora en fragmentación y a la deriva, como el poema del 'Barco ebrio' del francés Rimbaud.
Emmanuel Todd ya se había anticipado a la coyuntura actual en sus dos libros prospectivistas sobre la decadencia de EE.UU., 'Después del Imperio: La Ruptura del Orden Estadunidense' y 'La Derrota de Occidente'.
Se han gestado notables prolegómenos de balcanizaciones en dos países clave de la anglosfera eminentemente financierista: Canadá y el Reino Unido.
Más allá de la mutua animadversión personal, es ampliamente conocida la colisión entre las dos cosmogonías antagónicas del primer ministro globalista de Canadá, Mark Carney, y la del presidente estadounidense antiglobalista, Donald Trump.
Vale la pena rememorar la postura rupturista de Canadá con el "Occidente" liderado por Trump, cuando su primer ministro globalista Mark Carney lanzó su épica rebeldía en la cumbre del G-20 en Johannesburgo —a la que no asistió Trump—, donde proclamó el advenimiento de los "países medianos", cuyo núcleo primordial lo constituyen los "5 ojos de la anglósfera", ¡sin EE.UU.!
La mutua postura hostil entre Trump y Mark Carney ha puesto en riesgo el T-MEC y quizá hasta el NORAD/NorthCom.
En el intervalo de su pleito asestado mediante "tarifas" estrafalarias, Trump se mofa de Canadá, a la que expone como parte del nuevo mapa de EE.UU. llegando hasta a bautizar al Lago Ontario como "Lago de EE.UU.".
No se puede soslayar el plebiscito no vinculante en la provincia de Alberta el próximo 19 de octubre, cuyo resultado desfavorable a Mark Carney puede significar el inicio de un proceso constitucional para realizar ulteriormente un referéndum vinculante de aceptación o rechazo de una balcanización legal.
En su entrevista con el politólogo noruego Glenn Diesen, el historiador canadiense Jiang Xueqin, de origen chino, asentó que los "operadores de Trump" buscan balcanizar Canadá tanto en Alberta como en Quebec.
Como si lo anterior fuera poco, el pasado 5 de octubre el partido soberanista Partie Quebecois obtuvo un triunfo en las elecciones provinciales de Quebec, en detrimento del desgaste de la Coalition Avenir Quebec, que gobernó durante 8 años.
De inmediato, el recién ungido primer ministro de Quebec, Paul St-Pierre Plamondon, manifestó sus veleidades independentistas en el seno de Canadá, al anunciar que convocaría a un tercer (sic) referéndum —después de las derrotas de 1980, que se perdió por una diferencia de 1.16 %, y de 1995— para 2029 o 2030, cuando Trump habrá cesado su mandato.
En una imagen en espejo de la protobalcanización de Canadá, el Reino Unido también sufre los embates secesionistas que se subsumen en la reciente reunión del 14 de septiembre en Cardiff entre los ministros principales de Escocia (John Swinney del Partido Nacional Escocés), de Gales (Rhun ap lorwerth) e Irlanda del Norte (Michelle O'Neil, del principal partido republicano irlandés Sinn Féin, que busca la reunificación de la isla con Irlanda).
Los tres jefes regionales firmaron un documento que exige el derecho a la autodeterminación —añejo concepto explosivo de los siglos 19 y 20 anteriores a la globalización— y la exigencia de celebrar referendos alusivos de independencia (¡megasic!) del Reino Unido.
Como evoqué en mi libro 'Nacionalismo Contra Globalismo. Dicotomía del Siglo XXI Antes de la Inteligencia Artificial', se requieren nuevas taxonomías menos imprecisas para entender el mundo convulsionado y su azorante dinámica.
Más allá de la dicotomía topográfica de "izquierda" y "derecha" —caduca, a mi juicio, para el siglo 21: en la era nuclear, digital y del dolarcentrismo—, se está asentando la más vigente y solvente dicotomía entre los globalistas, hoy de capa caída, y los soberanistas nacionalistas que van ganando la batalla ideológica y democrática tanto en Europa occidental (en el territorio de la OTAN) como en los "5 ojos de la anglósfera".