¿Cómo afectó la colonización de América al desarrollo del continente africano?

Carmen Parejo Rendón

Cada 12 de octubre reaparece el debate sobre la conquista y colonización de América, un proceso de violencia extraordinaria que provocó la destrucción de sociedades enteras y una catástrofe demográfica cuyas dimensiones resultan difíciles de imaginar.

Investigaciones estiman que cerca del 90 % de la población indígena americana desapareció durante el primer siglo posterior a la llegada de los europeos, como consecuencia de las epidemias, las guerras, la explotación y la desestructuración social. Sin embargo, existe otra dimensión de aquella conquista que recibe menos atención y que resulta igualmente indispensable para comprender el mundo contemporáneo: ¿cómo afectó la colonización de América al desarrollo del continente africano?

Cerca del 90 % de la población indígena americana desapareció durante el primer siglo posterior a la llegada de los europeos, como consecuencia de las epidemias, las guerras, la explotación y la desestructuración social.

Antes de la expansión atlántica europea, África contaba con numerosas sociedades, Estados y redes comerciales que mantenían relaciones entre sí y con otras regiones del mundo.

Los intercambios transaharianos conectaban África occidental con el Mediterráneo, mientras las ciudades de la costa oriental participaban en los circuitos comerciales del océano Índico. Existían importantes centros urbanos, actividades agrícolas, artesanales y metalúrgicas, junto a organizaciones políticas de enorme diversidad. Aquellas sociedades atravesaban sus propias contradicciones y conflictos, pero difícilmente pueden reconocerse en la imagen de un continente aislado, pobre y ajeno al desarrollo económico internacional.

La conquista de América alteró profundamente estas relaciones. La expansión de las economías coloniales, particularmente de las plantaciones destinadas a producir mercancías para los mercados europeos, generó una demanda creciente de trabajo esclavizado que contribuyó a transformar extensas regiones africanas.

Impacto demográfico

La esclavitud y el comercio de personas existían desde mucho antes, tanto en África como en otras partes del mundo. La particularidad del sistema atlántico residió en su escala, su creciente racialización y su integración en un circuito internacional de producción y acumulación. Según las estimaciones de SlaveVoyages, alrededor de 12,5 millones de africanos fueron embarcados hacia América, de los cuales, aproximadamente 10,7 millones sobrevivieron a la travesía. Estas cifras tampoco recogen las muertes producidas durante las capturas, las guerras y los desplazamientos anteriores al embarque.

El impacto demográfico fue extraordinario, aunque desigual según las regiones y los periodos. La extracción de población, particularmente de personas en edades productivas, debilitó las capacidades agrícolas, artesanales y comerciales de numerosas comunidades. Al mismo tiempo, la rentabilidad de la captura y venta de personas contribuyó a intensificar conflictos, estimular la militarización y modificar las relaciones de poder, favoreciendo a determinados grupos mercantiles y dirigentes africanos mientras amplios sectores de la población padecían sus consecuencias.

Los ejemplos históricos permiten comprender mejor la magnitud de estas transformaciones. En 1526, Nzinga Mbemba, monarca del reino del Congo, escribió al rey de Portugal denunciando que los comerciantes estaban capturando y exportando incluso a miembros de las familias nobles de su reino, hasta el punto de amenazar su estabilidad política y demográfica.

Entre la segunda mitad del siglo XVII y el XVIII, en Senegambia, la intensificación del comercio atlántico de personas esclavizadas contribuyó a la militarización de determinados Estados, al agravamiento de los conflictos políticos y al debilitamiento de las actividades productivas, como ha documentado el historiador senegalés Boubacar Barry. Las consecuencias de aquel proceso pueden reconocerse incluso en la geografía política actual. El río Gambia, cuya navegabilidad facilitó durante siglos el transporte de personas esclavizadas desde el interior del continente hacia el Atlántico, se convirtió en un eje estratégico de la penetración comercial europea. Su control condicionó posteriormente el reparto colonial entre Francia y Gran Bretaña, que en 1889 delimitaron una estrecha franja de territorio británico a ambos lados del río. Aquella división, heredada tras las independencias, explica la singular configuración de la actual Gambia, prácticamente rodeada por Senegal, y constituye un ejemplo de cómo las estructuras comerciales y coloniales impuestas sobre el territorio africano dejaron huellas que perduran hasta nuestros días.

La extracción de población y la desarticulación de actividades productivas contribuyeron a deteriorar las condiciones de desarrollo de numerosas sociedades africanas.

Estos procesos comenzaron mucho antes del reparto territorial de África por las potencias europeas a finales del siglo XIX. Cuando la colonización directa adquirió su mayor extensión, distintas regiones africanas llevaban siglos participando, desde posiciones profundamente desiguales, en circuitos comerciales vinculados a la acumulación europea.

Estas transformaciones han sido ampliamente estudiadas. En 1972, Walter Rodney publicó 'Cómo Europa subdesarrolló a África', una obra fundamental para comprender el subdesarrollo como resultado de relaciones históricas de explotación. Desde una perspectiva marxista, Rodney analizó cómo la extracción de población y la desarticulación de actividades productivas contribuyeron a deteriorar las condiciones de desarrollo de numerosas sociedades africanas.

Posteriormente, el historiador nigeriano Joseph Inikori profundizó en la relación entre el trabajo africano esclavizado, la expansión de los mercados atlánticos y la Revolución Industrial inglesa. Sus investigaciones ampliaron un debate en el que también había intervenido Eric Williams con 'Capitalismo y esclavitud'. Historiadores africanos como Boubacar Barry, Joseph Ki-Zerbo y Akosua Adoma Perbi han contribuido igualmente a reconstruir las trayectorias propias del continente y las transformaciones producidas por su incorporación a la economía atlántica.

Esta cuestión forma parte de una discusión más amplia sobre el origen histórico de las desigualdades internacionales. En América Latina, Agustín Cueva y Ruy Mauro Marini desarrollaron, desde perspectivas diferentes y en ocasiones enfrentadas, importantes debates sobre la dependencia, las relaciones de producción y la acumulación capitalista. David Harvey recuperaría posteriormente el concepto marxiano de acumulación originaria mediante su formulación de la acumulación por desposesión, contribuyendo a pensar la persistencia de determinados mecanismos de apropiación y subordinación económica.

Se trata de una tradición intelectual extensa, atravesada por discrepancias y nuevas investigaciones, cuya importancia reside en explicar las diferencias de riqueza y poder como resultados de procesos históricos concretos, vinculados a la formación y expansión del capitalismo.

Estas discusiones adquieren especial relevancia en nuestro presente. Mientras asistimos a transformaciones en el equilibrio internacional y a nuevas reivindicaciones de soberanía en distintas regiones africanas, particularmente en el Sahel, persisten discursos europeos que interpretan las migraciones y las desigualdades mediante supuestas diferencias culturales o jerarquías civilizatorias. Estas interpretaciones se suman a otras formas de negacionismo y ocultación histórica, que silencian tanto los procesos de explotación que contribuyeron a configurar las desigualdades contemporáneas como las luchas de emancipación protagonizadas por los propios pueblos africanos, desde las resistencias frente a la esclavitud y el colonialismo hasta los movimientos anticoloniales y panafricanistas.

La Unión Africana ha situado las reparaciones por la esclavitud y el colonialismo entre sus prioridades.

El conocimiento histórico permite reconocer las relaciones económicas y políticas construidas durante siglos, así como las resistencias y los proyectos de transformación que las han acompañado.

La propia Unión Africana ha situado las reparaciones por la esclavitud y el colonialismo entre sus prioridades, impulsando una Década de Justicia y Reparaciones para 2026-2035, que incorpora debates sobre las estructuras económicas y financieras internacionales.

Recuperar esta historia cada 12 de octubre supone también preguntarnos qué reivindicamos desde el presente. El conocimiento histórico permite comprender que las desigualdades contemporáneas carecen de cualquier fundamento natural o civilizatorio y que su formación está profundamente vinculada a los procesos de conquista, explotación y acumulación que acompañaron la expansión del capitalismo. Una historia que continúa condicionando nuestro mundo y que, precisamente por haber sido construida, también puede transformarse. Como escribió Frantz Fanon en 'Los condenados de la tierra': "cada generación debe descubrir su misión, cumplirla o traicionarla, en una relativa oscuridad".