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El 'reino' español que se independizó y pidió asilo a la Cuba de Fidel

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La comunidad inició una campaña creativa para luchar contra la expropiación de sus viviendas a un precio irrisorio.
El 'reino' español que se independizó y pidió asilo a la Cuba de Fidel

La historia de Cerro Belmonte parece sacada de una película, pero sucedió de verdad a comienzos de los años 90. Una barriada de la capital de España que, a pesar de contar con menos de 300 vecinos, consiguió acaparar portadas con su heroica resistencia al cambio.

Todo comenzó con una orden del Ayuntamiento de Madrid que decretaba la expropiación de las viviendas en el populoso barrio y continuó con una protesta masiva. Los manifestantes adoptaron diversas estrategias: huelgas de hambre, encierros en iglesias e incluso formaron parte de las tensiones internacionales.

Su empeño dio lugar a una inédita independencia, con la creación de un 'reino' que contó con su propia bandera, himno y moneda, y que consiguió doblar el brazo al Consistorio y mantener un barrio singular en el corazón de una urbe de tres millones de habitantes.

Llega la orden de expropiación

A inicios del verano de 1990, los vecinos de Cerro Belmonte, barrio actualmente conocido como Valdezarza, en el noroeste de Madrid, recibieron una temida comunicación: se les informaba de que sus viviendas serían expropiadas.

Se trataba de un plan urbanístico que pretendía de acabar con las viviendas rurales en el entorno urbano, así como con zonas consideradas de "deterioro" en la ciudad.

Los habitantes de la zona recibieron la noticia con indignación y fueron conscientes de que unas cuantas manifestaciones no solucionarían nada. El precedente de esos planes estaba a la vista en otras partes de la ciudad al calor del boom de la construcción y la protesta no había servido para combatirlo.

Un proyecto indignante

El Ayuntamiento ofreció la expropiación a un precio que desató el enfado de los afectados: les darían 5.018 pesetas (30 euros al cambio actual) por un metro cuadrado de sus propiedades, en una época en que esa superficie se cotizaba por unas 200.000 pesetas (1.200 euros).

Como compensación, el Consistorio, en aquel entonces regido por Agustín Rodríguez Sahagún, del conservador y ya extinto partido Centro Democrático y Social (CDS), les ofrecía como alternativa para realojarse los barrios de Vallecas y Villaverde, ambos en el otro extremo de la ciudad. Para la mayoría de los vecinos, ese traslado implicaba alejarse de familiares y conocidos y el más completo desarraigo.

Los perjudicados veían el proyecto como una forma de especulación, ya que permitiría la compra de sus viviendas a precio de saldo para luego construir casas destinadas a personas con mayor poder adquisitivo. Pero no estaban dispuestos a permitirlo.

La movilización

Tras el avisó llegó la inmediata movilización. Los vecinos amenazaron con manifestarse delante de la casa del alcalde, en un momento en que los escraches todavía no eran conocidos; realizaron un encierro en iglesia Colegiata de San Isidro y recurrieron incluso a huelgas de hambre.

Sin embargo, su acción más ambiciosa llegó el 20 de agosto, cuando la portavoz de los vecinos, la abogada Esther Castellanos, dio un ultimátum al Ayuntamiento: si no retiraban o mejoraban el plan el barrio, se constituiría en un Estado independiente. Sabían que tenían que actuar rápido y dieron de plazo tan solo hasta septiembre.

Y cumplieron su amenaza. El 5 de septiembre celebraron un referéndum en casa de una de las vecinas afectadas, en el que la independencia ganó por 212 votos a favor y tan solo dos en contra. Desde entonces, se autoproclamaron como el Reino de Cerro Belmonte.

Crearon una bandera con tres franjas, rojo, blanco y rojo, una estrella que dijeron que tomaban de las siete del pabellón de la Comunidad de Madrid. El emblema tenía un triángulo en un lateral, que hacía una alusión a Cuba.

Los 'independizados' también establecieron un himno, compuesto por el cantante de la banda de punk Kaduka 92, vecino del barrio, cuyo verso más conocido era: "No queremos pan, no queremos vino, queremos al alcalde colgado de un pino".

Adoptaron como moneda el belmonteño, con el valor de las simbólicas 5.018 pesetas, y decidieron que financiarían la economía del recién creado Estado instalando un peaje en la autopista de la calle Sinesio Delgado, que limitaba el barrio por uno de sus costados. Por supuesto, también concibieron una Constitución propia, que recogía que su objetivo era reunificarse con España en cuanto se anulara la expropiación.

Para completar el cuadro, estos vecinos apostaron por el reconocimiento exterior. Así, escribieron al Comité de Descolonización de Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de solicitar que se recociera su independencia; al tiempo que se dirigieron al papa Juan Pablo II y al Comité Olímpico Internacional, para solicitar su participación en las cercanas olimpiadas de 1992 en Barcelona.

Se constituyeron como un reino sin rey, si bien le ofrecieron la corona al monarca español de entonces, Juan Carlos I. El ahora emérito no contestó, como tampoco lo hicieron la ONU, ni el COI, ni la Comunidad de Madrid.

La carta cubana

Sin embargo, antes de la declaración de independencia, en julio, llevaron a cabo otra audaz acción. En un momento en que había cierta tensión entre España y Cuba, decidieron aprovechar la coyuntura.

Así, se dirigieron por escrito a la Embajada de Cuba en Madrid solicitando asilo al entonces presidente de la isla, el líder revolucionario Fidel Castro. La petición no quedó en saco roto, ni pasó desapercibida. El mandatario fue el encargado de hacer un acuse de recibo en persona y televisado.

Castro les dedicó 45 minutos de un discurso por el 37 aniversario del asalto al Cuartel Moncada y posteriormente invitó a una representación de 25 vecinos a visitar su país. Además de recibir a la delegación, el presidente caribeño llegó a ofrecerles visa para residir en la isla y terrenos para construir sus viviendas.

Las huelgas de hambre

La independencia del Reino de Belmonte duró tan solo una semana, el tiempo que tardó el Ayuntamiento de Madrid en anular las expropiaciones.

A pesar de la creatividad mostrada, ni la independencia ni el apoyo de Cuba parecieron hacer mella en los regidores del Ayuntamiento, por lo que los vecinos optaron por una medida más tradicional: alrededor de 60 ancianos se declararon en huelga de hambre.

Con el paso de los días comenzaron a manifestarse los problemas de salud y se inició el goteo de ingresos hospitalarios. Rodríguez Sahagún y su equipo parecieron asustarse ante la posibilidad de que se produjera algún deceso, por lo que el expediente de expropiación fue retirado.

Así concluyó la historia más inverosímil de un barrio de casitas bajas, autoconstruidas por personas que llegaron a la capital española con aspiraciones de un futuro mejor.

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