La "izquierda petrista" se erigió el domingo como la gran victoriosa de la jornada electoral legislativa. Especialmente su candidato, Iván Cepeda, quien se consolidó tras las consultas interpartidistas (en las que no participó), y en el resultado que consiguió su partido en el Senado.
El Pacto Histórico, como se denomina a la confluencia de organizaciones progresistas, salió con la votación más elevada en la cámara alta, alcanzando 25 escaños, para superar por más de un millón de votos a la derecha del Centro Democrático, formación del expresidente Álvaro Uribe. Sin embargo, Cepeda no es el único ganador en este tablero.
Crecimiento del Pacto Histórico: ¿una sorpresa?
El Pacto Histórico consiguió un importante triunfo en las legislativas de este domingo, especialmente en el Senado, en las que se disputó el primer peldaño de la escalera hacia la Presidencia de la República. Aunque desde hace ya varios meses Cepeda se ubica de primero en las encuestas, el resultado puede calificar como una sorpresa política, considerando que hablamos de un gobierno, como el del presidente Gustavo Petro, que ha estado bajo un constante asedio y una fuerte criminalización, tanto a lo interno del país como en la esfera internacional.

Petro ha administrado una gestión a la que le ha costado mucho gobernar, saboteada desde el Congreso mediante la desaprobación de las principales reformas que propuso. Además, enfrentó un agobio mediático con escándalos constantes sobre su figura, por lo que dijo y dejó de decir. Petro entregará el cargo en el próximo agosto.
El resultado puede calificar como una sorpresa política, considerando que hablamos de un gobierno que ha estado bajo un constante asedio y una fuerte criminalización.
El triunfo del petrismo no solo se mide en la superación de votos a la derecha, sino también a lo interno del progresismo, ya que otras facciones del mismo, representadas en figuras como el excongresista Roy Barreras y el exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, en las primarias organizadas por la "izquierda independiente", lograron resultados ínfimos. Además sus partidos quedaron fuera de la cámara alta. Todo esto terminó fortaleciendo al actual candidato del Pacto Histórico y evidencia una debilidad en otras fuerzas de izquierda, permitiendo al petrismo un posicionamiento definitivo de cara al evento presidencial. Lejos de dividirse, este bloque se ha cohesionado y ha crecido significativamente en relación con las parlamentarias de hace cuatro años, cuando consiguió 5 curules menos en el Senado de las obtenidas en la reciente jornada electoral.
El uribismo en la pelea
No obstante, la única ganadora no es la izquierda. La "derecha uribista" demostró una resiliencia notable. En las consultas del domingo, la senadora Paloma Valencia —nieta del expresidente Guillermo León Valencia y figura del statu quo tradicional— resultó la gran vencedora entre los sectores derechistas que buscaban una candidatura común. Aunque el uribismo ha dado señales de decadencia en el pasado, especialmente a partir de la gestión del expresidente Iván Duque, en este proceso el Centro Democrático logró aglutinar a otras derechas y mantuvo una porción clave del legislativo.
Actualmente, la derecha cuenta con otra figura de peso como presidenciable: además de Paloma, respaldada por la institucionalidad, cuenta con Abelardo de la Espriella. Este último, un candidato de derecha populista y radical, actúa como un outsider "incorrecto" al estilo Bukele, que utiliza las redes para polarizar de forma agresiva. La candidatura de De la Espriella, que parecía correr en solitario, tiene ahora en Valencia una competidora feroz para la primera vuelta del 31 de mayo. Lo más probable es que el electorado de derecha deba decantarse por uno de los dos para enfrentar el hipotético balotaje del 21 de junio, en tanto no se estima la renuncia de ninguno de los candidatos mencionados.
En este proceso, el Centro Democrático logró aglutinar a otras derechas y mantuvo una porción clave del legislativo.
Tampoco se espera que ninguna fuerza política gane en primera vuelta, ya que se requiere que el que ocupe el primer lugar obtenga la mitad más uno de los votos válidos. Los resultados de las legislativas y las internas de los sectores que realizaron primarias este domingo, no vislumbran el escenario de prescindir del balotaje.
Ante este panorama, Colombia da un paso más hacia la polarización. El Pacto Histórico y el Centro Democrático están creciendo y horadando al centro y al liberalismo. Sin embargo, estos últimos están lejos de ser derrotados. El Partido Liberal (13 curules), el Conservador (10 escaños) y el Partido de la U (9 asientos) mantienen un "ecosistema" que seguirá teniendo peso legislativo clave, aunque con un visible desgaste. Para cualquier opción, ya sea Cepeda, Valencia o De la Espriella, se dificultará gobernar ante el poderío que aún conservan estas fuerzas de "centro" en las cámaras.
La confrontación que el domingo se hizo más pronunciada entre ambos polos ideológicos tiene mucho que ver con el perfil de sus protagonistas. Por un lado, Iván Cepeda: un izquierdista riguroso, letrado, abogado y defensor de derechos humanos; una figura de una izquierda seria, aunque para algunos dogmática. Por otro, Paloma Valencia: heredera de la política tradicional y representante del uribismo más férreo.
Ambos líderes poseen una suerte de "realeza" dentro de sus respectivos sectores, lo que garantiza una batalla electoral de contrastes profundos y raíces históricas e ideológicas.
Los números de votos que exhibieron estos bandos aún no dan para hacer afirmaciones concluyentes. Petro ganó en 2022 con más de once millones de votos, por lo que puede estimarse que el resultado de las elecciones parlamentarias e internas no develan quién podría ganar las elecciones. Es probable que Paloma juegue a ganar más hacia el centro y modere un poco su discurso, pero para ello tiene que competir con otro candidato derechista que no da tregua en su verbo belicoso y le puede robar el poderoso voto radical.
Cepeda, con un pié en el balotaje, también tendrá que enamorar a centristas y liberales, y sobre todo, entusiasmar a las bases populares del petrismo que pudiesen optar por la abstención si la campaña no les satisface.
En Colombia aún nada está escrito, solo que la carrera presidencial ha comenzado, y en agosto, un nuevo líder ocupará el Palacio de Nariño.


