Si hay alguna región en América que ha sufrido un giro radical en materia ideológica y política es la región andina, y esto trae consecuencias geopolíticas de peso. Temas como el control soberano sobre los recursos naturales, la integración regional, el despliegue de fuerzas militares ajenas, la disposición de medidas económicas de corte neoliberal, entre otras aristas, se están viendo afectados de manera acelerada.
El resultado de este vuelco es evidente: todos los países que comparten esta identidad y territorio se han volcado en los últimos años, meses o semanas, según cada experiencia, desde una izquierda asentada y políticamente hegemónica hacia una derecha radicalizada. Pero desde el triunfo del Presidente de EE.UU., Donald Trump, y su asunción en enero de 2025, este proceso se ha acentuado mucho más.
Las únicas piezas que quedaban en pie, ya entrado el 2026 (Perú y Colombia), finalmente han cedido y se preparan para un ciclo derechista. Estos acontecimientos han sellado el definitivo giro de la región. En el caso de Perú, esto ocurrió debido al triunfo de Keiko Fujimori, el 7 de junio, por sobre el candidato progresista Roberto Sánchez.
Las fórmulas izquierdistas que gobernaron en el lustro o la década pasada se encuentran hoy debilitadas y sorprendidas por el inusitado auge de una derecha que dista mucho de la moderada que se impuso luego de la finalización de las dictaduras del siglo pasado y que, por el contrario, se presenta como un conservadurismo "incorrecto" e ideologizado hacia el extremismo, con variantes filoprotestantes y un apego irrestricto (y no coordinado entre ellas) hacia la línea ideológica de Washington.
La ahora Presidenta electa logró vencer luego de tres oportunidades en las que fue derrotada, en la última ocasión por el izquierdista Pedro Castillo, quien terminó encarcelado apenas comenzaba su mandato. En el caso de Colombia, esto ocurrió debido al triunfo del ultraderechista Abelardo De la Espriella, quien derrotó el 21 de junio, en balotaje, al izquierdista Iván Cepeda. Después de esto ya no queda gobierno progresista en la región andina.
Las fórmulas izquierdistas que gobernaron en el lustro o la década pasada se encuentran hoy debilitadas y sorprendidas por el inusitado auge de una derecha que dista mucho de la moderada que se impuso luego de la finalización de las dictaduras del siglo pasado y que, por el contrario, se presenta como un conservadurismo "incorrecto" e ideologizado hacia el extremismo, con variantes filoprotestantes y un apego irrestricto (y no coordinado entre ellas) hacia la línea ideológica de Washington. Es decir, no entra en la agenda de estos nuevos gobiernos rescatar la Comunidad Andina de Naciones, la Celac o la Unasur, sino negociar cada quien por su lado y en claras desventajas de condiciones con EE.UU., algo que la derecha tradicional trabajó por superar.
Las derrotas de las izquierdas se han llevado a cabo sobre todo en el terreno electoral y aunque algunas de sus fórmulas políticas han mantenido un importante nicho de votación, en el terreno político, social y comunicacional parecen haberse replegado y perdido la iniciativa. Queda saber por cuánto tiempo. Por lo pronto, se impone el panorama de una derecha que utilizó las armas de la izquierda, como fueron la crítica a la política tradicional y los postulados radicales para entronizarse.
Toda la región vira
Perú y Colombia son las últimas piezas de dominó que se han desplomado, pero este es un proceso que ya se había iniciado años atrás. Primero en Argentina en 2023, con el triunfo del populista de derecha Javier Milei, quien logró fortalecerse en las elecciones de medio término de 2025. También en Ecuador desde 2021, pero en 2025 se estabilizó cuando el Presidente Daniel Noboa propinó la tercera derrota en fila al correísmo. A partir de aquí, el conservadurismo ecuatoriano se alineó ideológicamente de manera muy imbricada con Washington y, aunque en noviembre de ese año perdió la consulta que trataba de permitir bases militares de EE.UU. en su país, el proceso de derechización ha venido avanzando de manera fehaciente en medio de una situación de militarización y de vinculación directa con las fuerzas armadas de EE.UU.
Las derrotas de las izquierdas se han llevado a cabo sobre todo en el terreno electoral y aunque algunas de sus fórmulas políticas han mantenido un importante nicho de votación, en el terreno político, social y comunicacional parecen haberse replegado y perdido la iniciativa. Queda saber por cuánto tiempo.
En octubre de 2025 ocurría otro tanto en Bolivia con el triunfo del presidente Rodrigo Paz. En paralelo, el Movimiento Al Socialismo (MAS) se dividía y quedaba diezmado en las urnas después de gobernar por tres períodos presidenciales, interrumpidos por el golpe contra el expresidente Evo Morales (2006-2019), quien ahora está perseguido y con orden de captura por parte del Gobierno, mientras que el exmandatario Luis Arce (2020-2025) se encuentra preso.
En los pasados meses de mayo y junio, un paro nacional insurreccional culminó derrotado luego de un estado de excepción y un despliegue militar dictado por Paz, lo que dejó tremendamente debilitado al movimiento social boliviano que se jugó todas sus cartas entonces.
Por su parte, Chile corrió con la misma suerte electoral. José Antonio Kast, proveniente de una corriente de ultraconservadora, venció en diciembre de 2025, por medio de balotaje, a su contrincante izquierdista Jeannette Jara.
Uno de los eventos más contundentes, militarmente hablando, ocurrió en Venezuela el 3 de enero, cuando, luego de varios meses de asedio en el Caribe, agravado por un bloqueo naval y el acoso financiero, sufrió un bombardeo y una intervención militar directa por parte del ejército de EE.UU.
Los militares estadounidenses también capturaron al presidente Nicolás Maduro, lo que ha obligado al país a maniobrar con muy poco margen frente a la larga sombra Washington.
Consecuencias geopolíticas
Este giro en la región, con algunos gobiernos de corte radical de derecha o afinadamente adherente de las políticas republicanas del Washington trumpista, va a generar cambios estructurales profundos.
Por un lado, terminará de debilitar cualquier intento de integración regional, que prácticamente quedan superadas como estructuras multinacionales de negociación conjunta. La región queda ahora más expuesta y en situación de fragmentación y debilidad de negociación con estos nuevos liderazgos que se pavonean para recibir el beneplácito de la Casa Blanca.
Las grandes riquezas minerales y materiales, como lo son el petróleo, el gas y el litio, tendrán menos opciones de ser negociadas hacia otros destinos que no sean el norte del continente americano, con lo cual se reduce el margen de maniobra comercial.
Por otro, las grandes riquezas minerales y materiales, como lo son el petróleo, el gas y el litio, tendrán menos opciones de ser negociadas hacia otros destinos que no sean el norte del continente americano, con lo cual se reduce el margen de maniobra comercial.
También se podrá ver afectado todo el andamiaje de inversión que China venía adelantando, especialmente en la costa andina, lugar estratégico para el comercio con Asia. La infraestructura dispuesta a partir de la apertura del puerto de Chancay (Perú) queda en situación de incertidumbre ante las imposiciones de EE.UU. Esto significaría un freno a las pretensiones comerciales de abrir nuevos mercados y diversificar las exportaciones por parte de todos los países de Suramérica.
Ciertamente, la izquierda no lo ha perdido todo: en el pasado ha estado en peores condiciones. De hecho, aún mantiene grandes bolsones de votantes y en varios países la diferencia electoral ha sido pírrica. Hace un lustro, después de creado el Grupo de Lima, supo remontar el avance del primer "ciclo derechista" y volver incluso en territorios que eran la zona de confort de EE.UU., como Colombia, Chile y Perú. Su problema es que ha perdido el ingenio que la caracterizó los últimos años, y parece estar cediendo ante lo que la derecha ha catalogado como la "batalla cultural" o de sentido común.
¿Podrá la izquerda recuperar la iniciativa rápidamente o necesitará muchos años para intentar una nueva avanzada? Por ahora esto último no se vislumbra, pero las gestiones de gobierno, ahora en manos conservadoras, queman en un terreno tan conflictivo donde las cosas suelen cambiar muy rápidamente y el electorado latinoamericano está demostrando oscilar de manera constante. ¿Podría estarse preparando un nuevo ciclo izquierdista? Esto está por verse.


